Esta declaración de principios sirve para presentar un proyecto de relación con el territorio, los seres que lo habitan y las personas a las que alcanza. Con ella tratamos de enmarcar nuestra actividad humana en un contexto de intenciones que abarca mucho más que el mero trabajo de la tierra.


Agroecología
Este concepto nos ayuda a entender que las prácticas agrícolas se engloban en una realidad social cuya transformación es necesaria. La agricultura química industrial desarrollada durante el último siglo rompe el equilibrio en el agroecosistema. Por un lado, genera nocividades que la naturaleza no puede absorber: contaminación de aguas, pérdida de biodiversidad, empobrecimiento de los suelos, calentamiento climático, deforestación… Por otro lado, ha sido y es una de las principales causas del colapso de la sociedad rural en muchos lugares del planeta, interfiriendo en la coexistencia de la sociedad campesina con su entorno.
La pérdida del conocimiento tradicional y de la biodiversidad agrícola son otras de las consecuencias más desastrosas de la aplicación del modelo agrícola-industrial. Todo ello para no conseguir alimentar adecuadamente a la población, debido unas veces a la baja calidad o la toxicidad de los alimentos y otras a la escasez que resulta para muchos millones de habitantes. La Agroecología ayuda a comprender y recuperar el equilibrio a nivel de agroecosistema, recurriendo fundamentalmente a recuperar la diversidad y la complejidad de las relaciones que le confiere estabilidad.
El agroecosistema forma parte de una red social compleja con la que se relaciona y donde opera la transformación a nivel local: Acercamiento de producción y consumo, cooperación y conocimiento mutuo, búsqueda de intercambios justos y beneficiosos para todas, sostenimiento de la sociedad rural, contribución a la defensa del territorio frente al desarrollismo. Es aquí donde se experimenta la transformación por la generación de cercanía y la puesta en marcha de relaciones de colaboración.

Soberanía Alimentaria
Es el derecho de los pueblos a decidir cómo producir sus alimentos y a hacerlo con la calidad y cantidad suficientes, según sus pautas culturales. A esto se añade últimamente el deber de producir dichos alimentos y de ser soberano para que los demás también puedan serlo, incrementando los niveles de autosuficiencia en la alimentación, reduciendo a la vez la dependencia tecnológica y de insumos externos.
Este principio, compartido con muchos millones de personas de los cinco continentes, enriquece y proporciona solidez a propuestas de nuestro colectivo. De esta manera, nos sentimos parte de un movimiento global que tiene enormes repercusiones y capacidad transformadora desde un ámbito concreto, la alimentación.

Apoyo mutuo
Entendemos nuestra actividad en el marco de relaciones sociales de confianza y colaboración en distintos ámbitos: Por una parte, integrando producción y consumo para compartir responsabilidades y buscar un mayor compromiso mutuo; por otra, con la búsqueda de relaciones de confianza con otr@s productor@s, con quienes compartir intereses y fórmulas cooperativas.
No entendemos la actividad agraria desligada de la defensa del territorio y la justicia social, por lo que continuaremos con la participación activa en redes y movimientos en la lucha contra el desarrollismo y las agresiones que afectan a nuestros territorios, como la fractura hidráulica, parques eólicos y solares o la planificación de grandes infraestructuras.
Cobra especial importancia la puesta en marcha de fórmulas de solidaridad con otros grupos y colectivos rurales a nivel estatal, continental y global. Todo ello sin olvidar lo más importante, el compromiso con nuestro pueblo y los vecinos más cercanos. A este respecto, intentamos que nuestra actividad repercuta en la vecindad, por ejemplo, incorporando producciones de personas cercanas que, de esta manera, obtienen un recurso económico.

Transformación Social
Queremos sumar nuestro modesto esfuerzo a otros muchos que persiguen la transformación del actual sistema económico, basado en la depredación, la competencia y la autodestrucción.
A nuestro entender, este objetivo tiene mucho que ver con la reconstrucción de la sociedad campesina y la recuperación de los valores colectivos inherentes a ella. Esto pasa, en primer lugar por dignificar nuestra opción y fortalecer los lazos de solidaridad con otros colectivos campesinos que siguen siendo víctimas del acoso de las multinacionales y los grupos de poder, ávidos por controlar la mano de obra, la tierra fértil y los demás recursos naturales, que históricamente hemos gestionado nosotr@s, l@s campesin@s.
Por otro lado, tenemos que construir otro modelo de relación campo-ciudad, de comprensión y colaboración mutua, siendo conscientes de los graves desequilibrios y problemas que se dan en la urbe y que tienen mucho que ver con la concentración de poder y capital, procesos que también amenazan al mundo rural.
